"La que siempre lucía antes de que los bombardeos acabasen con él”, me respondió con voz quebrada. Sus ojos se esforzaban por no ahogarse al recordar, sin embargo su mirada era inevitablemente salada. Giró la cabeza hacia la ventana... Desde allí podía ver perfectamente las huellas que la artillería había dejado sobre el vestíbulo del hospital. Aquella imagen le hizo comprender porque los interrogantes mudos nunca tienen respuesta…Cuando por fin se dio la vuelta, la sonrisa había decidido retornar a su cara. Me dijo “¿Oyes ese llanto?, Es su alma que avanza por el pasillo”. Ansiosa, corrió hacía la puerta para recibir en la habitación al bebé que acababa de tener.
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