Observo como las gotas de lluvia salpican los cristales y una sonrisa conquista mi cara. Los colores por fin han abandonado su tacto huraño para pactar un acuerdo con el sonido del agua que arremete con fuerza contra los tejados . Los suelos y paredes están limpios y empapados. El firmamento, sabiendose perdedor, permanece inmutable al transcurrir artístico de la tormenta.
Una gaviota se acerca en vuelo raso por los tejados llenos de raíces invertidas que la soberbia dominante acostumbra a llamar antena, guiada por su instinto mojado, en busca de un nunca jamás cercano… residencia fija del amor y hotel habitual del descanso. En su volar va dejando atrás un rastro de excremento defecado de color amarillo resultado de la ingestión, durante siglos, de pepitas de oro que iba hurtando a los codiciosos seres mundanos que gobernaban pretenciosamente los suelos.
Me ve al otro lado del cristal , detiene su viaje y me pregunta, ¿qué haces ahí tan triste y encorvado? A lo que yo respondo …estoy enfermo… Alza tu cabeza y ¡Observa!...Tienes ojos…mira como llueve, ¡Milagrosa ayuda para el poeta la lluvia!…. Tiende la mano a ese mundo que tienes delante…no temas mojarte. Abre la ventana y deja entrar el rayo y... ¡Agárralo! ...Él te llevará donde la enfermedad nunca ha vencido a la alegría. Donde las formas recobran las curvas y giros inesperados, algunos buenos y otros….no tanto, pero no importa, ninguno de los peores logrará hacerte daño.
Cuánta energía equivalente a infinitos orgasmos concentrados y liberados en un suspiro nunca respirado….relámpago de aliviadas almas liberadas después de una prisión obstinada, presas de su propio convencimiento, eregido como tal tras la imposición abusadora de los no pensantes.
Cuanta calma. Caricia hermosa de la conciencia….ella te ha liberado, y ahora te acompañará eternamente en el camino hacía el no destino del disfrute vital.
Y aquí se acaba. Aquí lo dejo…Recordaré siempre este momento donde Dios, una gaviota o lo que es lo mismo, el milagro del inconexo sentido, se me ha aparecido para susurrarme al oído el secreto de mi yo en un día tan desaplaciblemente hermoso.
Una gaviota se acerca en vuelo raso por los tejados llenos de raíces invertidas que la soberbia dominante acostumbra a llamar antena, guiada por su instinto mojado, en busca de un nunca jamás cercano… residencia fija del amor y hotel habitual del descanso. En su volar va dejando atrás un rastro de excremento defecado de color amarillo resultado de la ingestión, durante siglos, de pepitas de oro que iba hurtando a los codiciosos seres mundanos que gobernaban pretenciosamente los suelos.
Me ve al otro lado del cristal , detiene su viaje y me pregunta, ¿qué haces ahí tan triste y encorvado? A lo que yo respondo …estoy enfermo… Alza tu cabeza y ¡Observa!...Tienes ojos…mira como llueve, ¡Milagrosa ayuda para el poeta la lluvia!…. Tiende la mano a ese mundo que tienes delante…no temas mojarte. Abre la ventana y deja entrar el rayo y... ¡Agárralo! ...Él te llevará donde la enfermedad nunca ha vencido a la alegría. Donde las formas recobran las curvas y giros inesperados, algunos buenos y otros….no tanto, pero no importa, ninguno de los peores logrará hacerte daño.
Cuánta energía equivalente a infinitos orgasmos concentrados y liberados en un suspiro nunca respirado….relámpago de aliviadas almas liberadas después de una prisión obstinada, presas de su propio convencimiento, eregido como tal tras la imposición abusadora de los no pensantes.
Cuanta calma. Caricia hermosa de la conciencia….ella te ha liberado, y ahora te acompañará eternamente en el camino hacía el no destino del disfrute vital.
Y aquí se acaba. Aquí lo dejo…Recordaré siempre este momento donde Dios, una gaviota o lo que es lo mismo, el milagro del inconexo sentido, se me ha aparecido para susurrarme al oído el secreto de mi yo en un día tan desaplaciblemente hermoso.
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